No sé por qué me afecta tanto. No sé por qué me preocupa. Es solo un ajuste en la configuración de WhatsApp, y sin embargo, cuando veo que alguien desactiva las confirmaciones de lectura, algo dentro de mí se inquieta. Es como si de repente desapareciera una parte de la comunicación, como si la conversación quedara flotando en un limbo sin respuesta.
—No es el fin del mundo —me digo—, pero me incomoda.
—¿Y por qué te incomoda? —responde la voz en mi cabeza.
Aquí es donde entra mi psicoanalista interno, ese que aparece cuando empiezo a cuestionar mis emociones.
—A ver, cuéntame, ¿qué es lo que realmente te preocupa? —pregunta con esa calma que da rabia.
—No lo sé… supongo que me desespera no saber si alguien leyó mi mensaje. Me gusta la claridad.
—Claro, porque en el fondo no se trata del doble check, sino de tu necesidad de certeza. Te gusta saber dónde estás parada en una conversación, en una relación, en cualquier tipo de comunicación. Cuando alguien desactiva las confirmaciones, te saca de tu zona de control.
Y sí, tiene razón. Me gusta la transparencia. Me gusta la gente que responde. No porque necesite validación inmediata, sino porque valoro la diligencia. Si yo me tomo el tiempo de responder, ¿por qué los demás no?
—Ahí está —dice mi yo psicólogo—. En tu mundo ideal, la gente debería comunicarse con la misma fluidez que tú. Pero cada persona tiene su propio ritmo, sus propias normas. Y no todos ven la comunicación digital como tú la ves.
Suspiro.
—Sí, lo sé. Pero aún así, me fastidia.
—Porque te enfrentas a la incertidumbre. Y la incertidumbre no nos gusta. Queremos respuestas. Queremos que nos digan si estamos bien o no. Queremos señales de que todo sigue su curso. Y cuando no las tenemos, la mente empieza a inventar historias.
¿Me estará ignorando?
¿Le dije algo que no debí?
¿Se cansó de hablarme?
La realidad es que, en la mayoría de los casos, ninguna de estas historias es cierta. Pero el cerebro odia los vacíos de información, así que los llena con las peores hipótesis.
—Exactamente —dice mi psicoanalista imaginario—. Y lo curioso es que a veces la gente desactiva el doble check por razones que no tienen nada que ver contigo.
Y aquí viene la segunda parte.
¿Por qué la gente desactiva el doble check?
Aquí es donde tengo un conflicto interno, porque entiendo que algunos lo ven como un tema de “paz mental”, pero también me parece una forma de ocultarse.
Hoy en día, todos sabemos que si envías un mensaje, el otro lo leyó. Así de simple. No importa que haya desactivado el doble check, sabemos que lo leyó porque todos, absolutamente todos, revisamos el teléfono varias veces al día. Entonces, ¿para qué engañarnos?
No me digas que desactivaste la confirmación de lectura porque quieres evitar la presión de responder. No. Si no quieres responder en ese momento, no respondas. Simple. Pero no desactives una función solo para hacerte el loco, para que la otra persona se quede en la incertidumbre de si lo viste o no.
Porque, seamos honestos, la gente que desactiva el doble check es la que más se demora en responder. Son los primeros en leer y los últimos en contestar. ¿Por qué? Porque les da poder. Porque pueden administrar su disponibilidad sin que nadie los cuestione.
Yo misma he dejado en visto a muchas personas. Luego he pedido disculpas porque no ha sido mi intención. Yo también he leído un mensaje en un momento en el que no podía responder y luego lo he olvidado. Pero eso no tiene nada que ver con el doble check. WhatsApp ya tiene una función para marcar un mensaje como no leído, así que si de verdad es un tema de organización, puedes usar eso.
Esto no es un tema de ansiedad, es un tema de educación, empoderamiento, seguridad y transparencia.
Si te escribo y no me puedes responder, está bien. Pero no me hagas creer que nunca viste el mensaje cuando sé que lo hiciste. Es más fácil ser honesto y decir “luego te respondo” que jugar al misterio digital.
Porque al final, ¿qué dice esto sobre nosotros?
Que nos cuesta decir “no”. Que preferimos evadir en lugar de afrontar. Que en vez de establecer límites claros y comunicar lo que sentimos, simplemente apagamos una función de la app y pretendemos que el problema desaparece.
Pero el problema no desaparece. Solo nos engañamos a nosotros mismos.
La transparencia no debería ser una opción, debería ser la norma.
Entonces, ¿cuál es la solución?
Que aprendamos a ser directos. Que nos acostumbremos a decir “ahora no puedo responder” sin sentir culpa. Que dejemos de ver la comunicación como un juego de poder y lo veamos como lo que es: una interacción entre seres humanos.
Si necesitas tiempo, tómatelo. Si no quieres responder, no lo hagas. Pero no juegues con la incertidumbre del otro solo porque puedes hacerlo.
El doble check azul no es el problema. El problema es cómo lo usamos… o cómo lo evitamos.



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